Las clarisas se destacaron sobre otros conventos por uno de los hechos históricos más importante de la época.
En 1682, ellas solicitaron al obispo de la época su independencia económica y espiritual de los Franciscanos, alegando malos tratos e ineficiencia. Las monjas fueron sometidas al asedio y no les dejaban pasar provisiones. Vivieron de la ayuda de los vecinos.
Esto originó el Cessatio a Divinis en donde el Obispo para clamar los ánimos, prohibió toda celebración de los oficios religiosos en la ciudad. El dilema solo se resolvió a principios del siglo XVIII y con la intervención de la Santa Sede.
